Cultura 

Bernardo Atxaga

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Bernardo Atxaga

Premio Nacional de las Letras 2019. Premio Euskadi, Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica y Prix Mille Pages por su novela Obabakoak.

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Bernardo Atxaga viaja desde Vitoria, España

Bernardo Atxaga es uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario español. Premio Nacional de las Letras 2019, obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica por su novela Obabakoak. 

«Su enorme variedad y su mezcla única de posibilidades genéricas lo apartan de casi todo dentro de la narrativa. Sus páginas recrean un mundo nuevo y fresco con una originalidad poco común en la literatura española contemporánea.»

The New York Times

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Conferencias

EL PARAÍSO Y LOS GATOS

Bernardo Atxaga junto con Jabier Muguruza presentan el recital poético El paraíso y los gatos. Un espectáculo que ofrece diferentes puntos de vista sobre el paraíso y cuyos principales ingredientes son el humor y la reflexión. Se ha representado ya en Pamplona, Hernani, Madrid, Nueva York, Bermeo, Donosti, Asturias y Barcelona.

RAZONES DE UN SEUDÓNIMO

Preguntaron a una mujer de cien años sobre perros rabiosos, y ella comenzó su narración diciendo: «Yo sé de perros rabiosos tanto como cualquiera». Quiso decir que había visto muchos y tenía una experiencia directa del peligro que, antes de la vacuna de Pasteur, suponían las mordeduras.

Pues bien, lo mismo podría afirmar yo de los seudónimos. Tendría que saber del asunto tanto como cualquiera. Desde que, hace más de 30 años, dejé de lado mi nombre oficial, José Irazu, para firmar los libros como Bernardo Atxaga, los lances derivados de la decisión han sido incontables. Un día era un billete de avión que no podía hacer mío; otro, un cheque; otro más, un paquete postal; una vez, el enfado de un poeta que tomó a mal «no saber exactamente con quién estaba hablando». Aparte, nunca faltaba la pregunta: «¿Por qué lleva usted seudónimo?».

Vuelven a hacérmela ahora, y trato de dar una explicación.

OBABA

Hay muchos lugares dentro de este planeta que gira en el espacio, y yo nací allí donde se asientan los pueblos de Alkiza, Albiztur, Asteasu y Zizurkil, y donde la montaña, la reina de ellas, la que se levanta por encima de otras diez o quince, recibe un nombre que parece italiano: Ernio. En los años sesenta, los cronistas que pasaban por allí camino de la costa o que, más frecuentemente, acudían a cubrir algún acontecimiento deportivo, se referían a él llamándolo «la Guipúzcoa olvidada»; años más tarde, cuando me convencí de que se trataba de un mundo, y no sólo de un territorio, yo lo bauticé de otra manera: «Obaba».

OTRA MIRADA

Digo «otra mirada» y me refiero en principio a la mirada creadora, e incluso a la inventora. Recuerden que Don Quijote vio gigantes donde sólo había molinos de viento, y que, con la excepción del sastrecillo valiente, todos los súbditos del Rey Sapo admiraron, donde no había, un hermoso traje (…) Hay miradas que son creadoras, inventoras, y además son generales: así las de la poesía; así también las de la ideología política; poesía e ideología política que, mezcladas, llegan a crear la imagen de un país entero o la de un enorme colectivo de personas.

Y de todas las miradas —la creadora, la inventora, la que tiene su origen en una ideología, la poética—, elijo esta última, la poética. Es la «otra mirada». Hago esta elección con la vista puesta en la creencia de que, aquí, en este país, tenemos mucha necesidad de ella, necesitando, además, que sea verdaderamente otra: diferente, al menos, de las que han estado en la base de las ideologías dominantes.

MI PRIMERA LENGUA

Durante un breve periodo de mi niñez el euskara o vascuence fue para mí una lengua completamente normal. Carecía de opiniones sobre ella, y su futuro no me preocupaba. Los demás niños de mi pueblo se encontraban asimismo en ese caso: todos éramos euskaldunak, es decir, «gente que posee el euskara».

No era, sin embargo, la única lengua que yo sentía a mi alrededor. El castellano era lo que sonaba a todo volumen en los enormes aparatos de radio que presidían la taberna principal del pueblo o el taller de las modistas. Por otra parte, acudíamos con frecuencia a la iglesia, donde parte de los rezos seguían siendo en latín. El latín reforzaba por contraste la normalidad de las otras lenguas, sobre todo de la que más utilizábamos, el euskera. De haberme preguntado alguien si mi primera lengua me parecía importante, no habría entendido la pregunta. Habría respondido que sí lo era, en la medida en que hablar y decir cosas es importante. Antes de que terminara mi niñez ya era bilingüe, como bilingües eran, igualmente, todos mis compañeros de juego.

Biografía

Bernardo Atxaga se licenció en Ciencias Económicas y desempeñó varios oficios hasta que, a comienzos de los ochenta, consagró su quehacer a la literatura.

La brillantez de su tarea fue justamente reconocida cuando su libro Obabakoak (1989) recibió el Premio Euskadi, el Premio de la Crítica, el Prix Mille pages y el Premio Nacional de Narrativa; además de haber sido incluido entre los 100 mejores universos literarios, junto a libros como El Quijote o Cien años de soledad, en la prestigiosa publicación norteamericana Literary wonderlands. La novela fue llevada al cine con el título Obaba en el año 2005. A Obabakoak le siguieron novelas como El hombre solo (1994), que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera, Esos cielos (1996), El hijo del acordeonista (2003), que recibió el Premio de la Crítica 2003, el Grinzane Cavour en 2008, y fue adaptada al teatro bajo la dirección de Fernando Bernués; Siete casas en Francia (2009), finalista en el Independent Foreign Fiction Prize 2012, finalista en el Oxford Weidenfeld Translation Prize 2012; Días de Nevada (2014), Premio Euskadi 2014; y Casas y tumbas (2020).

En 2017 obtiene el Premio Internacional LiberPress Literatura por el conjunto de toda su obra literaria y en 2019 el Premio Nacional de las Letras «por su contribución fundamental a la modernización y a la proyección internacional de las lenguas vasca y castellana, a través de una narrativa impregnada de poesía en la que ha combinado de una manera brillante realidad y ficción».

También es autor de libros de poesía como Poemas & Híbridos, cuya versión italiana obtuvo el Premio Cesare Pavese de 2003. Su obra ha sido traducida a treinta y dos lenguas. Es miembro de la Academia Vasca.

Casas y tumbas

Una historia de vidas que, como el agua, discurren entre piedras.

«Si se pudieran voltear los nombres impresos como las piedras de un huerto y ver la vida que esconden, comprobaríamos que no hay dos seres iguales.»

Con esta novela emocionante, vertebrada por la amistad, el amor a la naturaleza y la inminencia de la muerte, Atxaga vuelve a mostrarse como un maestro en la creación de territorios y personajes imposibles de olvidar.

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