El lector editorial por Alberto Acerete

Leer por placer, o por interés, difiere completamente de leer por encargo. En todos los casos la lectura puede ser una experiencia enriquecedora, sin embargo la perspectiva desde la que debemos entender y asumir el texto como lector editorial es distinta. Cuando leemos de forma profesional es primordial la siguiente premisa: nuestros ojos son los ojos de otros.

Siempre suelo decir que al leer de forma profesional debemos adquirir una doble perspectiva. A ambas lentes de lectura suelo llamarlas «el catálogo» y «el lector potencial». Con «catálogo» me refiero a todo aquello que envuelve el encargo de la lectura: quién nos la ha solicitado, qué necesita el editor, qué busca con el texto, cuáles son los intereses o las líneas por las que quiere desarrollar su catálogo futuro… Debemos tener muy claras las «circunstancias» o el «entorno» para el que realizamos el trabajo.

Por ejemplo, puede ocurrir que un texto fantástico no sea el más adecuado para llegar a los lectores desde el sello para el que se nos ha encargado la lectura. Pensemos que tenemos una fantástica novela histórica y leemos para un sello que solo publica autoayuda, el cual, a su vez, no tiene pensado ampliar la variedad de su oferta. Es un ejemplo extremo y delirante, pero creo que ilustra lo difícil que puede ser apostar solo por la calidad de un texto sin pensar cómo conseguiremos hacerle hueco entre las propuestas de la editorial, así como lo complicado, por tanto, que será dar con el lector potencial, quien no reconocería el sello como el lugar donde buscar los libros que desea. Y, si no conseguimos dar con ese lector-objetivo, es difícil trascender el público al que nos dirigimos, y por tanto más difícil que aumente el éxito de la publicación.

Por ello, las otras lentes desde las que debemos mirar son las que nos pondrían en la piel del público potencial. Debemos identificar al lector objetivo: quién es, cómo es, qué busca. ¿Por qué la obra que tenemos entre manos es óptima para él? Este lector ficticio será el aliado del texto una vez esté editado; al final, este lector representa una idea abstracta. Aun siendo difícil llegar a él —siempre es complicado atraer la atención de los lectores—, es el lector potencial es quien nos pondría el camino más fácil, el que más disfrutaría el texto. Pero, precisamente por esa disposición e interés previos, debemos pensarlo como un lector sumamente crítico. Interpretando cómo el texto funciona a sus ojos podremos analizar cuál es la calidad del mismo. De este modo, también podremos analizar cómo podríamos llegar a otros lectores que no se lo pondrán tan fácil al libro, o cómo podemos conseguir que ese lector ayude al texto a llegar a otros lugares del mercado.

¿Pero cómo debe ser el proceso de lectura? Como digo, la lectura ha de realizarse con perspectiva. Debéis prescindir de los prejuicios. Ningún texto es bueno o malo por sí mismo, sino que contiene elementos que lo hacen funcionar y otros que no. Debemos descubrir qué quiere contar la obra y cómo. Nuestro deber como lectores —con las perspectivas o lentes de lectura activadas— será analizar objetivamente esos elementos. Encontraremos elementos a nivel literario, como la construcción del texto, los personajes, el tono o las características de la obra en cuanto al género. Encontraremos otros a nivel comercial: ¿cómo funcionaría el texto en el mercado? Incluso los mismos elementos que hemos analizado en un plano literario, pueden analizarse en un plano comercial. Por ejemplo, que el texto tenga este tono, ¿cómo puede afectar a su venta? Es decir, en nuestro trabajo como lectores respondemos a dos preguntas continuamente: ¿cuál es la calidad y, teniendo en cuenta las condiciones, cómo podemos prever su venta?

Por último, diría que la mejor decisión que puede tomar un lector es trabajar de forma rigurosa. Ser crítico y honesto. Todos queremos lo mejor para la obra que tenemos entre manos y también para el lugar desde el que trabajamos. Recomendarla o rechazarla son parte del proceso. Si uno es riguroso, nunca tendrá la sensación de haber cometido errores. Aun así, debemos ser humildes: podemos aprender constantemente, porque todos nos equivocamos cada día. Lo importante es justificar cada una de las decisiones que se toman. Si uno rechaza un gran texto, debe ser capaz de ver esa calidad, pero estar seguro de su decisión si entiende que el sello o la editorial no es el mejor sitio para la obra.

Al final, todo se reduce a una pregunta: ¿elegir este texto desde este lugar nos favorece a uno y a otro?

Ayudar a tomar esa decisión es nuestro trabajo.

Los lectores editoriales son piezas clave en el sector y colaboran muy estrechamente con los editores para el proceso de selección de obras. Si tú quieres convertirte en lector profesional, puedes hacerlo con el curso de Alberto Acerete y Escuela Cursiva. ¡No te quedes sin plaza!

 

Alberto Acerete nació en Zaragoza en 1987. Está diplomado en Ciencias de la Educación y dedica su vida al mundo de los libros: sus actividades van desde la lectura o el trabajo de los textos, hasta su venta final en una librería. También ha estudiado Filología y se ha especializado en Critical Reading y literaturas británica y americana contemporáneas.

Ha realizado múltiples actividades de carácter editorial como lector, corrector o asistente de edición para editoriales y agencias. Dentro de Penguin Random House Grupo Editorial colabora como lector para Lumen.

Como docente, ha trabajado en múltiples materias con niños y adultos. También ha ejercido la crítica y el periodismo cultural en diversos medios digitales e impresos. Su último libro es Yo quiero bailar (La bella Varsovia, 2015).

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